TRAS LA PUERTA…ELLOS: ELLA Y ÉL; ÉL Y ELLA.


El cartel “Puede arreglar la habitación” dado la vuelta, colgado del pomo de la habitación 512, ya lo dijo Rafa Pons.

Entraron, ella con tacones y los pantalones roídos en los bajos, indicios de que los tacones no formaban parte de su rutina. Él con los bajos intactos y zapatillas de deporte, señal de que los vaqueros tampoco eran parte de sus avatares diarios.

23 horas colgó el cartel sobre el pomo, sin darse la vuelta. 23 con el “NO MOLESTAR”, sin arreglar la habitación. Horas en las que nadie preguntó ni se preocupó por ellos. Tampoco ellos preguntaron por nadie, menos se preocuparon por algo, que no fuesen ellos: él y ella, ella y él, él o ella, ella o él, ellos.

Tiritando ante la tentación
Durmieron a ratos
Despiertos por tiempos
Entrelazados a veces
Sudados en seco
Bebiéndose a tragos
Mirándose en la oscuridad
Deliberadamente despacio
Reflejos de su propio espejo
Sin tiempo para el retardo
Pegados sin tregua
Tocándose salvando la distancia de un colchón
Separados tan dentro
Disfrutándose a mordiscos
Susurrando las verdades
Gritando las mentiras
Dibujando sus perfiles
Difuminándose hasta derretirse


SUSPIRÓMANOS, perdiéndose, en su propia droga, para encontrarse como nunca; encontrándose, sin metadona de por medio, para perderse como siempre.

Abandonaron la habitación rumbo a la rutina.

Ella descalza con los tacones en la mano.

Él, con los vaqueros mal doblados en su bolsa de deporte.


Un segundo puede cambiarlo todo, pero 82800 no cambiaron su realidad, la rutina de ahí afuera.



Pretenciosos son los sueños a los que se entra en tacones y vaqueros, la verdadera realidad se (re)corre sin tacones y con chándal.

TRAS LA PUERTA….ELLOS: ELLA O ÉL; ÉL O ELLA