Anoche, alguien me sonrió y guiñó un ojo, entré en el juego del ángel. Cerré los ojos según se iba acercando y ya sólo recuerdo sentir como sus manos lentamente iban rodeando mi cintura abrazádome y abarcándome tan sutilmente como en ese recuerdo borroso de un lejano marzo, para posarse en mi espalda, justo debajo de una hipotética décimotercera costilla. Él, se mojó los labios y me besó en la frente, al ralentí, como ya lo había sentido en un húmedo e incierto diciembre, dejando la marca de sus labios al contacto con el frío de mi piel, colocó un mechón tras mi oreja y continuó el trayecto de su mano hasta mi nuca, apenas impercepible, entrelázandose entre mis rizos sin el más mínimo contacto con mi piel. Luego descendió con su boca entreabierta dejando un rastro del calor de su aliento en mi cara; se detuvo unos segundos en la punta de mi nariz, y se desvió justamente para acariciar con su nariz ese pequeño lunar que ha aparecido este año; mientras mantenía su respiración entrecortada frente a frente con la mía. Un escalofrío recorrió cada una de mis últimas vértebras lumbares y se enlazó con su mano, que todavía me mantenía aprisionada a él,a siete escasos centímetros. A la altura de la barbilla volvió a posarse sobre mi piel y a dejarme un beso. Y su mano sobre mi nuca, y su mano sobre mi espalda me acercaron más a él; los centímetros convertidos ahora en milímetros. Cruzó su boca entreabierta sobre la mía sin rozar mis labios que lo llamaban; él, terco, contradiciendo mi primera iniciativa y mis impulsos de besarlo, se fue acercando a la comisura derecha...

...no fué como los tuyos.

 

Me desperté,  estaba soñando, no eras tu, soñaba contigo pero que no eras tu. Una vez más, te echaba de menos, no miré el reloj, pero diez minutos más tarde, el sonido de algún reloj lejano marcó las cinco en punto...y por segunda vez en la misma  noche, me dormí con esa sonrisa en los labios que sólo te pertenece a ti.

 

No, no creo en el destino, no quiero tampoco creer en las casualidades.
L20-21