Y es que nada acaba siendo como yo...


Pongamos que esto pudiese ser un primer, de muchos otros y variados, ejemplo: Hace cosa de un tiempo a aquella parte en la que leía a Lucía Etxeberría para ensalzar mis dotes de domadora cruel, mi único objetivo era conseguir que el elefante con el que soñaba las noches de los días impares y semanas pares del año pasado se pusiese mi pijama de rayas naranjazulesverdesrosas. Por un momento, pensé que iba por buen camino, incluso había conseguido pequeños logros con mi elefante azul. Sin embargo, un estrepitoso día, me desperté sabiendo que lo que realmente me iba a hacer feliz de un tiempo a la parte siguiente no iba a ser vestir al elefante, sino que yo no usase más ese pijama.

¿Y el elefante?

¿Quién se acuerda ya del elefante?