Siempre ha necesitado saber el porqué de las cosas.

Siempre se ha preguntado: ¿Por qué?. Y al final del por qué, no hay final, porque hay otro por qué, no sabe por qué pero siempre se ha embarcado en luchas encadenadas de porquesís y porquenós, a sabiendas que ninguna respuesta sería suficiente. Sin porquesís ni porquenós. Sin excepciones. 


Y entonces, un día, le preguntan por que...y dice porque sí. Con toda seguridad.
Y es que a veces, las respuestas son un sí o un no, no una cadencial cascada de inseguridades, dudas y preocupaciones.