Te veo  ahí, emocionado, mirando ese monstruo de cables y botones, tus ojos azules en los que tantas veces me he perdido, se iluminan, intentan captar cada detalle de ese objeto automático que te tiene tan absorto. Como un niño pequeño con su juguete de Reyes. 

Me intriga la atención que le prestas, supongo que te impresionan unas características técnicas que jamás llegaré a comprender, unas posibilidades de acción, de poder y de futuro que tampoco puedo imaginar. Quizás sólo sea un amasijo de funciones electrónicas a la espera de una función cualquiera, indeterminada, dónde toda opción genera posibilidades reales.

Casi puedo oir el engranaje de tus ideas, como si proyectasen el ruido mecánico que genera esa maravilla, capaz de captar tan fríamente tu atención, quién pudiese conseguirlo tan fácilmente...

Y así, mirándote, me asoma la certeza de que yo, también he experimentado esa sensación, 
te entiendo perfectamente, yo también tengo un monstruito, 
en formato ángel, 
literalmente.