El primero de un primer noviembre





Contaré la historia de una impetuosa e ingenua Ella que se enamoró de un enigmático y tierno Él.

Fue un otoño, la estación en la que todo, salvo aquello que no importa, se queda. 
Fue raro, podemos llamarlo erróneamente casualidad; o decir, que picó la curiosidad, que venía implícita de otros tiempos, de un atrás, que tanto limitaba como ofrecía. 

Con intenciones vacías de propósitos: un café, un tren, un beso y la primera metáfora.