Estoy pensando y podría esribir cientos de páginas. Quizás pronto.

Decía, que no era capaz de imaginar lo mucho que me quería, tampoco ella, se pudo nunca imaginar, espero que si sentir, lo mucho que la queríamos todos, Él sobre todos, y lo mucho que nos falta, a todos, a Él sobre todos.

Si tuviera que empezar hablaría de su bondad extrema, de su estatura pequeña, de sus pasos cortos y ávidos, de como usaba el cuchillo, de la rápidez con que hacía las sumas, de las veces que me dijo "cando veña o pai", de los miles de millones de besos que le pedí y no me negó, de como cerraba los ojos y se acurrucaba en cama, de como respondía una y otra vez a las mismas preguntas, de como meneaba su cintura, de lo mucho que le gustaban los gusanitos y los zumos, de las veces que arrancó hierbas, de lo suavísima que era su piel, de lo guapa que estaba con pijamas de colores, de las caras que ponía cuando no le gustaba la fruta o cuando le daba el yogurt después de algo dulce, de las veces que corrió detrás de mi para darme aquel "remedio", de cómo iba detrás mientras yo colgaba del brazo de su marido, de como una simple mirada podía decirlo todo, de aquel "como non te vou querer", de sus labios finos, de como le dolía al cortarle las uñas, de como se quejaba si la pellizcaba, de como me obligaba a dormir la siesta, de las veces que me reprendió por barrer mal, de que nunca me dejaba dormir con calcetines (y aún no lo he hecho), de lo disgustada que estaría si supiese ciertas cosas, de lo orgullosísima que estaría de otras muchas otras, de lo mucho que le gustaba "lo que necesitas es amor", de como me peinaba y se enfada con mi pelo, de su discreción, de como preparaba colacaos con azúcar los sábados por la mañana, de como repetía todo lo que decía, de como jugaba con aquel gato y lo mucho que se reía, de su chaqueta azul, de como se remangaba y del vestido estampado naranja, de lo guapa que estaba tomando el sol con su pamelita, de cómo se empezó a olvidar de apagar la bombona de butano, del botecito con monedas, de como cogía el pan para cortarlo contra su pecho, de lo poco que le gustaba la ducha, y es que la recuerdo, incluso de antes de tener recuerdos.

Pero si tuviese que resumir, diría que fué la mujer que más me influyó e influirá, junto con su hija, mi madre, que sin duda, es una firme copia, un poco más alta, adaptada a los tiempos, de lo que fue mi abuela.

En todas partes, conmigo, siempre.
Pende su corazón, sobre el mío.
Literalmente.