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Yo, y mis dudas. Siempre juntas. 
Tomar decisiones es como respirar, vital. En los últimos meses, he respirado mucho. Lo mismo, que he vivido. 
Y me agota, me agota infinitamente tener que dudar de absolutamente todo antes de decidir, aunque sea sobre cosas sin importancia como si prefiero el té rojo o verde. 
Pero me gustan las dudas, me hacen sentir viva. 
Vivo en un mundo de dudas, y me gusta mi mundo, aunque, indudablemente, dude.












Señor Freud, qué opina usted?


Cruzo, doy media vuelta, nado al otro lado, salto sobre las piedras o simplemente, sigo el cauce?


A orillas de mi misma, 

                     Mi súperyo, yo y mi ello.





Propósitos para una vuelta más al sol



Y es que tras la conquista real de mi republicano corazón;
la batalla (sin) final es mi proyecto vital en dictaduda(s).








Ex-des-incluídos los daños a terceros y a mis dobles personalidades múltiples,
sólo tengo que preocuparme por yo conmimeconmigo y mi amigo imaginario esquizofrénico.




Querido Ello:

Una pena que mi estimado e inspirador Freud ya no esté,
si Él escuchase las verbalizaciones de tu yo bajo censura cero,
el psicoanálisis sería el motor de este (mi) supramundo.


Te espera en el inconciente,

                                          Tu superyó




Otras veces, es suficiente con aplicar la perversidad de Freud a la interpretación de  los sueños,
y la represión a nuestro yo más racional, para que mi ello pueda hacer frente a tu superyó.






A veces Freud no es demasiado claro y es necesario aplicar la lógica de siempre,
(p -> q, siempre que p siga cerca y q no se sienta lejos). 







Me quedan todavía muchos etcéteras por descubrir (te,me),
pero Freud estará contento, me he portado bien, le he hecho caso.








Y puede que tenga razón Freud, y mis sueños,
sólo sean síntomas, de necesidades por satisfacer.




Cuando nuestro consciente no alcanza lo que deseamos, según Jung, lo suplimos con sueños. De esta manera dice este conseguimos los recursos que no podemos alcanzar conscientemente, compensamos. Vivimos la realidad pero no despiertos, porque nuestra personalidad no nos permite ese prisma. Freud decía que nuestros sueños nos muestran nuestros deseos más ocultos, y así mismo, nuestros mayores miedos.

La amiga de Freud, todas mis yo, no entiende como se puede desear algo que se teme, o al menos, no lo consigue. Lo desea y no lo teme; y si lo teme, entonces no lo desea. No sabe como tiene que sentirse: es capaz de reaccionar absolutamente con total facilidad y naturalidad ante ciertas proposiciones y luego bloquearse en los niveles más bajos.

Sin embargo, la chica que sueña con alcanzar a vivir como Freud pensaba, si sabe que sus días puedan ser incongruentes e inestables y encontrar la racionalidad en su insomnio de las noches. Incluso, puede pensar que su vida en algún momento ha volcado, dándole toda la energía y vitalidad de sus días a la noches y ofreciéndole la más plácida nulidad en sus vigilias.

O quizás no, quizás es sólo que no está muy bien de la cabeza. 

Aún así, sabe que en algún lugar, en el ello, su superyó o su yo más reprimido, es exactamente la persona que imaginó que podría llegar a ser. Freud estaría orgulloso de ella, al menos, la escucharía. 

Y eso, la mayoría de las veces, es lo imprescindible.





Yo no me acuerdo. Me cuentan y me han contando.

Entonces pienso que me acuerdo pero no.

Yo no sé como nací ni cómo era de pequeña, no recuerdo si mi primer recuerdo es porque he visto fotos o porque está ahí, en el subconsciente, el ello que diría mi nuevo amigo Freud. No lo sé.

Sé que recuerdo cosas… que no tienen foto, ni que nadie me ha contado, entonces…sé que me acuerdo. Pero, extrañamente en mí, no les pongo fecha, no hay hoja en el calendario, si quiera recuerdo como era yo por aquel entonces.

Si algo sé, mi yo sabe según Freud, es que estaba moviéndome, empujándome, dándome todas las razones y más para seguir corriendo, moviéndome y ni apoyando los pies al caminar para no parar; y también estoy segura de que estaría hablando, mucho, quizás demasiado. Siempre lo he hecho, mal incluso cuando era pequeña, ya lo he dicho treintaiseis veces, que diría él, no Freud, sino Él, pero mi cerebro procesaba más rápido las palabras de lo que mi lengua las lanzaba al aire, por lo cual, se me entendía poco. Aún es hoy el día que no sólo hablo demasiado rápido, sino que se me entiende poco, pero eso, ahora es una estrategia personal.

Entonces, mis primeros “verdaderos” recuerdos están envueltos en movimiento y palabras, mi esencia está ahí. 
Yo no sé si ellos me llevan o yo los llevo a ellos, pero sin movimiento y palabras no me defino, no me encuentro en mi historia.

Creo que estoy perdiendo algo, y es a mí.