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Estabas a mi lado, con una mano en mi cintura,  
yo con la mente puesta en otras horas, en millones de horas atrás. 
Pasaron más horas, creo que en algún lugar lejano ese tren cruzaba las vías de nuestra ciudad.
Tu mano me apresó hacia tí, susurraste...

y yo, me sonrojé.







Anoche quise soñar contigo, tu llegabas tarde;
a seis horas de ti volví a quedarme dormida.





Y es que hay sueños que se dan las buenas noches,
sin llegar a imaginar que los vamos a cumplir.




Es difícil no acordarse de ti y dejar de soñarte despierta,
has entrado por la puerta grande en mis insomnios.




He tenido una conversación con mi vaso mediolleno, dormir y los relojes que dan los cuartos están reñidos. El, iluso optimista piensa que si se apagara el reloj, dormiría. Yo le explico que no duermo porque tengo mejores cosas que hacer. El, con alma de vidrio, no sabe que nuestras conversaciones me llenan o al menos, hacen un efecto parecido. Ilusión óptica, me corrige el, y yo me vengo con un sorbo, de los grandes. Ilusión me dice... iluso el, que si lo vierto se queda vacío, yo al menos aún puedo estirar la mano y al menos sentir, que está ahí.








Los recuerdos están a unas cincuentaiocho vueltas entre mis sábanas pasadas las dos de la madrugada, lo he constastado una vez más, tiene pinta más de teoría o ley que de hipótesis. Los recuerdos me los trae un hipopótamo vestido con un pijama a rayas verdeazulesrojas, trae una maleta con pegatinas de los Phoskitos, y restos de sandía entre los dientes. Sólo ese hipopótamo y yo, sabemos a ciencia de mentiras autoproteccionistas, por donde he andado metida todos estos años. Resulta que cada borrón y cuenta nueva, he perdido la anterior y nunca he contado nada a nadie; y mis abismos, siempre se quedaron sin precipicio así que nunca he echo mucho ruído al caer, por lo menos, no he llorado. No había llorado, hasta que la gran borrasca se instaló entre mi ceño y mis lacrimales hace treitayochodías, supongo que abril se ha alargado un poco más en el calendario.

Y ahora, que me he cansado de rellenar el vaso, la copa y beberme las gotas saladas de todas las botellas sobrantes. He comprendido que los héroes son así, que todos llevan un guión escrito y que vuelan con arnés, que son como nosotros pero con efectos especiales. Que pocos, realmente pocos se atreven a no agarrarse a la barandilla, a saltar, que ese miedo contenido se ha alojado en otros estómagos, que las caídas solo producen carcajadas si se quedan en anécdota, que cuando toca la vida, se hace el silencio. Que es muy fácil eso de theshowmustgoon, impossibleisnothing, persiguetussueños, y sóloseviveunavez, aprovechacadaminutocomosifueseelúltimo, saluddineroyamor, elhoy, y toda esa  mierda de filosofía teórica inventada en momentos de euforia por éxitos efímeros y publicistas mal pagados, pero en la realidad, aquí, hay que echarle muchos cojones para dejar todo por nada, por simplemente respirar. 

Sin embargo, también hay una teoría por ahí fuera que dice: si no respira, está muerto.

Y martilla mi cabeza la rintintinera frase de laesperanzaesloúltimoquesepierde, espero que aún quede algo cuando la pierda, o al menos quede yo. Mi gran pequeño yo, el que se fue difuminando en los últimos  cientoyalgunosmás de los setecientosesentaynueve anteriores días a hoy.


Y al final, habrá que decantarse por respirar.



Decantar 
1. tr. Pasar un líquido de un recipiente a otro sin que se salga el poso.
2. prnl. Inclinarse claramente hacia una opinión, tomar partido.





Piedra, papel o tijeras.



Esa es la gran teoría de esta noche para las próximas equis  vueltas a la esfera del reloj:  
Si pierdo los papeles, no me quiten  mis tijeras, a menos que lancen piedras.


Me he aliado con Darwin y la selección del más fuerte.  Si vienen piedras, hazte papel. Si pierdes los papeles, acuérdate que aún te quedan tijeras. Y si te cortan, las alas, por ejemplo, lánzales piedras. Prometo no volver a formular más teorías bajo la aleación de  ansiolíticos, con insomnio, cafeína y reflexiones nocturnas. Yo era un intento de mujer como Freud mandaría y ahora le engaño con Darwin y sus ideas. De peor en menos, y sin tijeras.










Y despertarse siendo consciente de que no he llegado a dormirme, 
que simplemente he sucumbido a tantas horas de batallas contra mi imaginación, 
que no he podido resistir una vuelta más sobre esas sábanas irreales.

Resignación y suspiro.

Cada vez duran menos las noches de los cuentos.








He buscado la palabra, la esencia, reducir el mensaje al máximo, que no hubiese redundancias, palabras de más, o de menos, porque nada de lo que pueda decir ahora, es menos importante que todo lo demás que podría no saber explicar, no saber decir, o simplemente, no querer mostrar.




La solución, otro mensaje en mi botella.





Alguna parte de su cuerpo malinterpretó el título de la última canción, 
pensó que era una amenaza ,
y no sólo uno de esos treinta bocados que abril le prometía en el calendario.  
Dos veces se desveló y estiró su brazo esperando encontrarle esa noche, 
las mismas tantas se abrazó a la almohada,
las mismas otras pensó en el título de la canción,
otro día, la apaciguó, a ella y a las ganas;
aún quedan días en el calendario y ángulos desde los que ver esta ciudad.





Supongo que ya soñaba con algo parecido, 
o lo empezó a soñar cuando se le (a)pareció.


Son sueños,
y los sueños, sueños son, eso ya lo ha dicho alguien antes, o la vida es sueño ya no me acuerdo.

Yo, le he soñado.

Le he soñado aquí una madrugada cualquiera, con una mano sobre mi muslo izquierdo y otra sobre el volante.

He soñado que se me aparecía entre la multitud un martes cualquiera.

Le he soñado dormido, y yo a su lado, en la madrugada de una  ciudad desconocida donde el sol se esconde por el oeste, comiéndolo a besos mientras duerme, mientras se hace el dormido.

Lo he soñado frente a frente contándome los lunares, entreteniendome en sus caracoles.

Lo he soñado junto a mi cama, despertandome una mañana cualquiera, con el cuerpo vestido de invierno y el alma de verano.

Supongo, que con soñarlo es suficiente.
Suficiente no es demasiado,
nada es nunca demasiado,
nunca nada es suficiente.

Soñarlo entre realidades varias que se suceden en sueños, los que se sueñan despiertos, que para dormir ya habrá tiempo.