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Ya ha pasado el tiempo desde aquel septiembre de cambios, ahora la incertidumbre es más constante. Pero son las dudas, sin duda que si, que definitivamente son las mismas dudas las que devuelven al mismo sitio, que es junto a ti.

Porque ya son muchos los años, y somos usted y yo, y todo lo demás, lo que nos rodea, lo que yo siento, lo que tu respiras, lo que yo imagino, sueño y dejo de dormir, lo que a usted lo impulsa, lo que lo hace constante y fuerte. 

Es usted y todo lo nuestro para ser exacta…

Trato de no abatirme en los días y las dudas, es por eso que le escribo, que le escribo, porque es así la única manera que siempre he encontrado para decirle a usted, lo que a mi me importa. Y quizás su única duda, entre todas las mías, es la de mi amor incondicional y sincero, un amor que sobrevive vulnerable a nosotros mismos, a merced del tiempo, de nuestro tiempo.

Y entre mis dudas está la certeza de tenerlo, de sentirme llena y vacía, completa y dividida.

Porque entre mis dudas usted, lo abarca todo




Sé que echas de menos que te lo diga, o al menos, con más frecuencia, quizás. Pero es que no logro entender que falte el sujeto, el YO, que realiza la acción antes de ese TE, que te hace el único destinatario de la acción. Una acción en presente de indicativo, un presente que puede ser eterno o no ser nada, pero que necesariamente tiene un pasado y que obligatoriamente debería tener un complemento  de tiempo, finalidad, cantidad, compañía, frecuencia, intensidad,...

Y es que QUIERO que no se quede solo en decirlo, en un análisis morfológico o sintáctico simple de una frase repetida hasta la saciedad sin las razones que yo tengo para decirla; es por eso que la digo poco, 
porque para mi, contigo, son más que dos palabras, 
son mis razones. 

Soy yo, a ti, un montón.







En medio de todo, apareció, sin su abrazo y su beso,
sólo él y su dosis perfecta para apaciguarme;
recuerdo que no recuerdo haberme sentido sola.











365 días más, todavía no han sido suficientes
para comprender lo que significa tenerle entre mis despropósitos de año nuevo.


Él, mi equipo A : mi amor, mi amigo, mi Ángel.





Te veo  ahí, emocionado, mirando ese monstruo de cables y botones, tus ojos azules en los que tantas veces me he perdido, se iluminan, intentan captar cada detalle de ese objeto automático que te tiene tan absorto. Como un niño pequeño con su juguete de Reyes. 

Me intriga la atención que le prestas, supongo que te impresionan unas características técnicas que jamás llegaré a comprender, unas posibilidades de acción, de poder y de futuro que tampoco puedo imaginar. Quizás sólo sea un amasijo de funciones electrónicas a la espera de una función cualquiera, indeterminada, dónde toda opción genera posibilidades reales.

Casi puedo oir el engranaje de tus ideas, como si proyectasen el ruido mecánico que genera esa maravilla, capaz de captar tan fríamente tu atención, quién pudiese conseguirlo tan fácilmente...

Y así, mirándote, me asoma la certeza de que yo, también he experimentado esa sensación, 
te entiendo perfectamente, yo también tengo un monstruito, 
en formato ángel, 
literalmente.





Es o cociente das sensacións polas inseguridades ó cuadrado elevadas á septima inocencia, 
a mellor mentira da miña imaxinación ó cuadrado das miñas voluntades perdidas...








En análisis de datos serías el sujeto que se sale de la media, rompe la mediana y se aleja de la moda



No sé que llevas,
pero es adictivo
y no tiene receta
son esas noches de cuarenta grados a principios de enero
...


Y así, sucesivamente, cada vez que piense un pecado, escribiré tu nombre,para mi.
y viceversa, 
cada vez que piense en ti, escribiré un pecado, para ti, y así, aleatoriamente.



 

Anoche, alguien me sonrió y guiñó un ojo, entré en el juego del ángel. Cerré los ojos según se iba acercando y ya sólo recuerdo sentir como sus manos lentamente iban rodeando mi cintura abrazádome y abarcándome tan sutilmente como en ese recuerdo borroso de un lejano marzo, para posarse en mi espalda, justo debajo de una hipotética décimotercera costilla. Él, se mojó los labios y me besó en la frente, al ralentí, como ya lo había sentido en un húmedo e incierto diciembre, dejando la marca de sus labios al contacto con el frío de mi piel, colocó un mechón tras mi oreja y continuó el trayecto de su mano hasta mi nuca, apenas impercepible, entrelázandose entre mis rizos sin el más mínimo contacto con mi piel. Luego descendió con su boca entreabierta dejando un rastro del calor de su aliento en mi cara; se detuvo unos segundos en la punta de mi nariz, y se desvió justamente para acariciar con su nariz ese pequeño lunar que ha aparecido este año; mientras mantenía su respiración entrecortada frente a frente con la mía. Un escalofrío recorrió cada una de mis últimas vértebras lumbares y se enlazó con su mano, que todavía me mantenía aprisionada a él,a siete escasos centímetros. A la altura de la barbilla volvió a posarse sobre mi piel y a dejarme un beso. Y su mano sobre mi nuca, y su mano sobre mi espalda me acercaron más a él; los centímetros convertidos ahora en milímetros. Cruzó su boca entreabierta sobre la mía sin rozar mis labios que lo llamaban; él, terco, contradiciendo mi primera iniciativa y mis impulsos de besarlo, se fue acercando a la comisura derecha...

...no fué como los tuyos.

 

Me desperté,  estaba soñando, no eras tu, soñaba contigo pero que no eras tu. Una vez más, te echaba de menos, no miré el reloj, pero diez minutos más tarde, el sonido de algún reloj lejano marcó las cinco en punto...y por segunda vez en la misma  noche, me dormí con esa sonrisa en los labios que sólo te pertenece a ti.

 

No, no creo en el destino, no quiero tampoco creer en las casualidades.
L20-21



Y recógeme otra vez en tu coche y volvemos aquel sitio con escenario jurásico, y me vuelves a mostrar las estrellas, como aquella noche de luna llena de agosto. Y es que para mi son aviones o un satélite, y tu las conviertes en estrellas fugaces, que yo no sé pedirles nada, que no sé tampoco pedirles poco y luego me paso en mis deseos y me asusto y me tienes que quitar los miedos, o la coraza, a tu manera, con tu paciencia a base de esmero, o de cariño, con tus metáforas. Que tu sabes, aunque me lo nieges y tu no te lo creas, que a mi me gusta, que yo te dejo el firmamento de mi barriga para que aterrices como quieras siempre que no te acerques a mi ombligo, que el sol quema, y yo no me aguanto. Y es como cuando tu me hablas de máquinas y robots y yo de como la lluvia pinta esta ciudad de plata, y así nos va. Y luego volver a mi rutina preferida: yo te miro y tu me pides un beso,  y es que sólo tu sabes como hacer que me esté acostumbrando a pedirte con miradas lo que con mi voz me da miedo. Y es que ya no quedan muchas  opciones, y si en julio tu haces que haya nieve en mi ventana, yo te prometo el calor del sol en este invierno, debes tener suerte, o la tengo yo, por que dentro de nada no tendré ni excusas para quejarme.


Y es que,  sólo quería susurrarte para que se entere el universo, que lo único que yo quiero saber de astronomía se esconde en los lunares de tu espalda.









Él, llega como si llevase prisa, está acostumbrado a llegar tarde. Estira los brazos hacia ella, la acoge con un achuchón, de esos de invierno, que lastima en las costillas, besa su frente, huele su pelo y luego la mira, y sin intercalar dos silencios más, ya le ha dicho: "me alegra que estés aquí"





Sus deseos...





A cambio de un beso de no-amiga te daré un silencio,
por un abrazo, te ofrezco parte de otro
y de regalo...un vale por todas tus expectativas no cumplidas