Verde Esperanza



Lo admito: Mi rutina de todos los días, no es la que soñé.  


Mi mundo se para cada mañana, cuando entro por esa puerta. Todos los días durante unos minutos pienso que esta realidad no es la que quiero, la que soñé ni tan poco la que creo que me merezco; lo pienso para que no se me olvide, pero solo un ratito; la realidad me llama, se llama Esperanza, el lugar donde trabajo, literalmente, se llama Esperanza y es el peor nombre que se le puede ocurrir a nadie para esa realidad tan incierta que sostiene mis días. Si me parase solo un segundo, mirase y pensase, quizás no podría soportarlo.  Sé que si lo pienso, abandono, y no se puede abandonar un sitio llamado esperanza. Por eso, no dejo de sonreír. No quiero que nada me haga olvidar que esto no es lo que quiero para mañana. Pero hoy sonrío, aquí. 


                                                                                                                                                
Se llama R.S.N. de la Esperanza, 
donde espero ( y esperaré, también lo admito), pero donde no me conformo.