Los recuerdos están a unas cincuentaiocho vueltas entre mis sábanas pasadas las dos de la madrugada, lo he constastado una vez más, tiene pinta más de teoría o ley que de hipótesis. Los recuerdos me los trae un hipopótamo vestido con un pijama a rayas verdeazulesrojas, trae una maleta con pegatinas de los Phoskitos, y restos de sandía entre los dientes. Sólo ese hipopótamo y yo, sabemos a ciencia de mentiras autoproteccionistas, por donde he andado metida todos estos años. Resulta que cada borrón y cuenta nueva, he perdido la anterior y nunca he contado nada a nadie; y mis abismos, siempre se quedaron sin precipicio así que nunca he echo mucho ruído al caer, por lo menos, no he llorado. No había llorado, hasta que la gran borrasca se instaló entre mi ceño y mis lacrimales hace treitayochodías, supongo que abril se ha alargado un poco más en el calendario.

Y ahora, que me he cansado de rellenar el vaso, la copa y beberme las gotas saladas de todas las botellas sobrantes. He comprendido que los héroes son así, que todos llevan un guión escrito y que vuelan con arnés, que son como nosotros pero con efectos especiales. Que pocos, realmente pocos se atreven a no agarrarse a la barandilla, a saltar, que ese miedo contenido se ha alojado en otros estómagos, que las caídas solo producen carcajadas si se quedan en anécdota, que cuando toca la vida, se hace el silencio. Que es muy fácil eso de theshowmustgoon, impossibleisnothing, persiguetussueños, y sóloseviveunavez, aprovechacadaminutocomosifueseelúltimo, saluddineroyamor, elhoy, y toda esa  mierda de filosofía teórica inventada en momentos de euforia por éxitos efímeros y publicistas mal pagados, pero en la realidad, aquí, hay que echarle muchos cojones para dejar todo por nada, por simplemente respirar. 

Sin embargo, también hay una teoría por ahí fuera que dice: si no respira, está muerto.

Y martilla mi cabeza la rintintinera frase de laesperanzaesloúltimoquesepierde, espero que aún quede algo cuando la pierda, o al menos quede yo. Mi gran pequeño yo, el que se fue difuminando en los últimos  cientoyalgunosmás de los setecientosesentaynueve anteriores días a hoy.


Y al final, habrá que decantarse por respirar.



Decantar 
1. tr. Pasar un líquido de un recipiente a otro sin que se salga el poso.
2. prnl. Inclinarse claramente hacia una opinión, tomar partido.