Y Ella no puede dejar de escribirle si recuerda ese instante en el que Él se giró lentamente sonriéndole por primera vez y le enseñó algo sobre América y Europa, 
y ese profundo oceáno de secretas y profundas intenciones desde el que por mucho que se acerquen o se alejen nunca verán la orilla ni el mensaje en la botella.